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El proceso a Fujimori (La causa que no es la causa)
Por Gonzalo Portocarrero
http://gonzaloportocarrero.blogsome.com/2008/08/29/el-proceso-a-fujimori...
Fujimori está siendo encausado judicialmente por su (presunta) responsabilidad en la violación de los derechos humanos, en los crímenes de la Cantuta y Barrios Altos.
Usualmente la causa de que la fiscalía abra un proceso judicial es la imputación de un cargo en función de, al menos, indicios razonables de culpabilidad. Pero el caso de Fujimori no es nada usual pues las causas que llevaron a la apertura del proceso no son, en lo principal, los cargos que se le imputan. Es decir, la causa judicial, el cargo imputado, no coincide con la causa efectiva, con los hechos que han llevado a que el ex presidente esté hoy en el banquillo de los acusados. Ahora bien, hacer explícito que la causa (judicial) no es la causa (efectiva) del proceso a Fujimori es muy importante para darnos cuenta de la manera como la sociedad peruana (no) está lidiando con sus problemas de hoy que son los problemas de ayer y los de siempre. El abuso y la violencia, el resentimiento y el odio. Todos los traumas de nuestra historia.
Los medios de comunicación representan el proceso a Fujimori como un juicio por delitos concretos. Se articula entonces una narrativa optimista. Se presume que los peruanos tendríamos que estar de acuerdo en que se cometieron crímenes (Cantuta, Barrios Altos) cuya responsabilidad recae en el ex presidente y sus colaboradores. Sancionando a Fujimori se estaría haciendo justicia, terminándose así con la impunidad e iniciándose acaso un nuevo periodo en la historia del país.
Pero bien vistas las cosas esta narrativa distorsiona la realidad. Para empezar, Fujimori no fue llevado a juicio porque existiera en la sociedad peruana un consenso generalizado sobre la urgencia de llevar a la justicia a los perpetradores de crímenes contra de los derechos humanos. Ha sido llevado a juicio porque su fuga del país fue demasiado escandalosa de manera que era necesario procesarlo por alguna razón. Y el motivo más plausible era precisamente los crímenes de la Cantuta y Barrios Altos. Entonces, otra vez, el juicio no representa un intento sistemático por hacer justicia pues si así lo fuera muchas otras personas, empezando por el actual presidente García, estarían también en el banquillo de los acusados. Acá en el Perú el terrorismo de Estado encontró el apoyo de considerables sectores de la población. Para muchos la “guerra sucia” era la mejor manera de mantener a raya la demencial insurrección senderista. Matar a inocentes era la manera de advertir a los posibles senderistas de que serían aniquilados.
La mayoría, en todo caso, en la medida en que estos desmanes ocurrían allá lejos en los Andes, no estuvo preocupada en combatirlos. Cerrando los ojos, dejó hacer. Esta posición está ya claramente explícita en el informe de Uchuraccay y es puesta en práctica por el segundo gobierno de Belaunde donde la violencia del Estado y de Sendero Luminoso, contra el mundo campesino, llega a su punto más alto. Al crear un terror más grande que el ejercido por Sendero Luminoso, las Fuerzas Armadas logran ganarse a la población civil. Entre dos fuegos la gente se alía con los que pueden amenazar más y también proteger más. Y ellos son los militares. La derrota de Sendero en los Andes centrales intensifica su infiltración en otras zonas del país. La política del gobierno de García no fue diferente a la de Belaunde. La misma consigna: combatir el terror con un terror más grande. A medida en que es derrotado en el campo, Sendero Luminoso se traslada a las ciudades y especialmente a Lima. Para los habitantes de las ciudades, sobretodo las clases medias, Sendero aparece como una amenaza entonces más tangible y aterrorizante. El reclamo de mano dura contra Sendero va a ser recogido por Fujimori. Durante su periodo la violencia es menor pero es más discriminada e insidiosa.
Fujimori cae por el escándalo de los “vladivideos”. El régimen implosiona desde dentro. Incapaz de explicar, aún menos de justificar, su relación con Montesinos, Fujimori huye. Y si huye es porque algún delito ha cometido. ¿Pero cuál es ese delito? ¿Obviamente? la violación de los derechos humanos. ¿Pero no ha sido acaso la violación de los derechos humanos una política estatal enseñada por el ejército de Estados Unidos, llevada a cabo por los militares peruanos, y suscrita por los gobernantes con la complacencia de una gran parte de la ciudadanía? En realidad no hubo una voluntad política estatal por extraditar a Fujimori. Los pedidos de extradición estaban pésimamente elaborados. Además, dada la ciudadanía japonesa del ex-presidente era totalmente improbable que fueran atendidos. Pero Fujimori regresa. Quiere enfrentarse a la justicia. En su manifestación inicial, con todas las fuerzas de que es capaz, insiste en que fue su gobierno quien paró la inflación y preparó las bases del boom económico que vivimos, y también fue bajo su mando que se logró derrotar al terrorismo, y que ambos logros fueron y son muy apreciados por las mayorías. Sabemos, además, que ningún presidente en la historia del país ha tenido un índice de popularidad tan alto por tanto tiempo. Todo lo cual es cierto. Le faltó señalar que nunca hubo un gobierno tan corrupto como el suyo.
La CVR nace en el gobierno de transición del Presidente Paniagua. Su creación no es una demanda popular sino una iniciativa de los sectores medios ilustrados. Las conclusiones a las que llega la comisión no son asumidas por el Estado ni por la opinión pública. Su informe es periódicamente atacado por los que quieren eludir responsabilidades. Sus críticos, carentes de argumentos, recurren a las emociones y la ignorancia. La acusación se repite, la CVR le hace el juego a los terroristas mientras que condena a los militares que se sacrificaron por la patria.
Finalmente, el proceso a Fujimori no responde a un deseo general de romper con el pasado, de fundar un nuevo orden basado en la justicia y la prevalencia de la ley como es la propuesta de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El juicio a Fujimori no es esa ruptura histórica que muchos quisiéramos que fuera. De allí lo injustificado e imprevisible que resulta. En efecto, ¿por qué enjuiciar solo a Fujimori?
saludos desde Heidelberg, Celso
jajajja XDD la CVR es criticada porque pone al estado al mismo nivel que los terroristas... es mas hasta justifica sus acciones lo cual le repugna al pueblo.
pense keste foro habia mejorado pero sigue de mal en peor, parece el banco de credito chileno de deonesio rumero (feas letras) en cuanto a alcahuetanes no mira su viga en el oleoducto nor peruano y mira mas la paja, el cheno yukimori debe ser encerrado de por vida y de pasoa su lacayo el crazzy garsia
Grupo Colina”: Cuentas pendientes del jefe Fernando Enrique Rodríguez Zabalbeascoa”
Entre los criminales, de la época del terror en el Perú, que recibieron “felicitación por las exitosas operaciones” del reo Alberto Fujimori por los crímenes de la Universidad la Cantuta, los asesinatos de Barrios Altos, y otras atrocidades; y que además obtuvo “calificación sobresaliente” por el reo rematado y presidiario Juan Rivero Lazo, jefe de la Dinte, destaca el cabecilla de la cadena de mando de la despiadada organización criminal "Grupo Colina", Enrique Fernando Rodríguez Zabalbeascoa, alias "potro".
Este individuo, después de vivir prófugo durante 8 años, fue capturado en su cubil en enero del año 2002 por la Policía Nacional, inmueble que había arrendado con identificación falsa, sito en la calle Doña Elvira Nº 208 departamento 303, Urbanización Los Rosales de San Borja de Lima; acusado de crímenes contra la humanidad o genocidio: Asesinatos colectivos de nueve estudiantes [entre ellos dos mujeres] y un profesor de la Universidad La Cantuta; asesinatos de quince personas -jóvenes, mujeres, y un niño de ocho años- en Barrios Altos de Lima; asesinatos de Pedro Huillca Tecce, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú; del periodista Pedro Herminio Yauri Bustamante; asesinato de seis personas en Pativilca; los crímenes de seis miembros de la familia Ventocilla, y otros siete de la familia Rodríguez, en Huaura; desaparición forzada de personas; torturas en los sótanos del Servicio de Inteligencia, lesiones graves; que solamente representan la punta del iceberg; ya que se investigan otras atrocidades encubiertas, cometidas por este grupo criminal que se asoció para delinquir.
Haciendo memoria, este siniestro personaje, jefe del escuadrón de la muerte, en el momento de su captura, tenía en su poder un falso D.N.I. Nº 015481300 que lo identificaba con un nombre postizo. Esta conducta delictiva, es muy propia del hampa que vive hurgando en los bajos fondos. Representa un grave atentado, no solamente contra el propietario del inmueble que conducía como inquilino, a quien defraudó induciéndolo al error, sino, lo que es más grave, contra las instituciones jurídicas del Estado Peruano, a quien, como militar debe respeto y sumisión porque así ha sido formado: con amor a la patria, con respeto a sus instituciones tutelares, y con la permanente y disciplinada disposición de defender su soberanía. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, no se sabe, hasta ahora, si el Procurador del RENIEC lo ha denunciado ante Ministerio Público, ni menos si ha sido condenado por los delitos de falsificación de documentos y contra la administración de justicia.
La libertad de Rodríguez fue dictada, en el año 2005, por el Quinto Juzgado Penal Especial de la Corte Superior de Lima, que despachaba la jueza Antonia Saquicuray, y la concedió por exceso de carcelería sin sentencia. Sin embargo, repito, lo que hasta ahora no se conoce, es si esta conducta delictiva fue denunciada por el Procurador del RENIEC ante el Ministerio Público, por los delitos contra la Fe Pública -Falsedad ideológica- en agravio del Estado. Recordemos que su cómplice, el tristemente célebre Alberto Fujimori, por delitos de allanamiento de morada y usurpación de funciones, cuya punición es menor, fue condenado a seis años de prisión efectiva.
Al parecer, desde el interior de los cuarteles, los miembros del Ejército peruano en actividad, se dan maña para estafar al Estado con fraudes y robos de elevado octanaje, que han alcanzado dimensiones alarmantes. La dolosa conducta fraudulenta de estos personajes, continúa aun después de haber pasado al retiro. Y el caso más evidente, es la comisión delictiva perpetrada por Enrique Rodríguez, quien defraudó a la Nación con una falsa identificación para burlar la acción persecutoria de la Justicia y de la Policía Nacional.
Ahora que, nuevamente está citado a estrados con toda su gavilla de asesinos, para responder ante el mundo sobre sus perversas y abominables atrocidades, es necesario que la Primera Sala Anticorrupción de la Corte Superior de Lima, establezca el grado de responsabilidad de la conducta delictiva de Rodríguez, que luego de sus nefandos asesinatos y otros no menos horrendos crímenes contra la Nación, dirigió posteriormente su agresión contra el Estado peruano, el que a través del caballerizo en un cuartel militar, lo formó para que cumpla con respetar y hacer respetar los símbolos nacionales, las instituciones y las leyes.
Dr. Alejandro Cruzado Balcázar
Grupo Colina”: Cuentas pendientes del jefe Fernando Enrique Rodríguez Zabalbeascoa”
Entre los criminales, de la época del terror en el Perú, que recibieron “felicitación por las exitosas operaciones” del reo Alberto Fujimori por los crímenes de la Universidad la Cantuta, los asesinatos de Barrios Altos, y otras atrocidades; y que además obtuvo “calificación sobresaliente” por el reo rematado y presidiario Juan Rivero Lazo, jefe de la Dinte, destaca el cabecilla de la cadena de mando de la despiadada organización criminal "Grupo Colina", Enrique Fernando Rodríguez Zabalbeascoa, alias "potro".
Este individuo, después de vivir prófugo durante 8 años, fue capturado en su cubil en enero del año 2002 por la Policía Nacional, inmueble que había arrendado con identificación falsa, sito en la calle Doña Elvira Nº 208 departamento 303, Urbanización Los Rosales de San Borja de Lima; acusado de crímenes contra la humanidad o genocidio: Asesinatos colectivos de nueve estudiantes [entre ellos dos mujeres] y un profesor de la Universidad La Cantuta; asesinatos de quince personas -jóvenes, mujeres, y un niño de ocho años- en Barrios Altos de Lima; asesinatos de Pedro Huillca Tecce, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú; del periodista Pedro Herminio Yauri Bustamante; asesinato de seis personas en Pativilca; los crímenes de seis miembros de la familia Ventocilla, y otros siete de la familia Rodríguez, en Huaura; desaparición forzada de personas; torturas en los sótanos del Servicio de Inteligencia, lesiones graves; que solamente representan la punta del iceberg; ya que se investigan otras atrocidades encubiertas, cometidas por este grupo criminal que se asoció para delinquir.
Haciendo memoria, este siniestro personaje, jefe del escuadrón de la muerte, en el momento de su captura, tenía en su poder un falso D.N.I. Nº 015481300 que lo identificaba con un nombre postizo. Esta conducta delictiva, es muy propia del hampa que vive hurgando en los bajos fondos. Representa un grave atentado, no solamente contra el propietario del inmueble que conducía como inquilino, a quien defraudó induciéndolo al error, sino, lo que es más grave, contra las instituciones jurídicas del Estado Peruano, a quien, como militar debe respeto y sumisión porque así ha sido formado: con amor a la patria, con respeto a sus instituciones tutelares, y con la permanente y disciplinada disposición de defender su soberanía. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, no se sabe, hasta ahora, si el Procurador del RENIEC lo ha denunciado ante Ministerio Público, ni menos si ha sido condenado por los delitos de falsificación de documentos y contra la administración de justicia.
La libertad de Rodríguez fue dictada, en el año 2005, por el Quinto Juzgado Penal Especial de la Corte Superior de Lima, que despachaba la jueza Antonia Saquicuray, y la concedió por exceso de carcelería sin sentencia. Sin embargo, repito, lo que hasta ahora no se conoce, es si esta conducta delictiva fue denunciada por el Procurador del RENIEC ante el Ministerio Público, por los delitos contra la Fe Pública -Falsedad ideológica- en agravio del Estado. Recordemos que su cómplice, el tristemente célebre Alberto Fujimori, por delitos de allanamiento de morada y usurpación de funciones, cuya punición es menor, fue condenado a seis años de prisión efectiva.
Al parecer, desde el interior de los cuarteles, los miembros del Ejército peruano en actividad, se dan maña para estafar al Estado con fraudes y robos de elevado octanaje, que han alcanzado dimensiones alarmantes. La dolosa conducta fraudulenta de estos personajes, continúa aun después de haber pasado al retiro. Y el caso más evidente, es la comisión delictiva perpetrada por Enrique Rodríguez, quien defraudó a la Nación con una falsa identificación para burlar la acción persecutoria de la Justicia y de la Policía Nacional.
Ahora que, nuevamente está citado a estrados con toda su gavilla de asesinos, para responder ante el mundo sobre sus perversas y abominables atrocidades, es necesario que la Primera Sala Anticorrupción de la Corte Superior de Lima, establezca el grado de responsabilidad de la conducta delictiva de Rodríguez, que luego de sus nefandos asesinatos y otros no menos horrendos crímenes contra la Nación, dirigió posteriormente su agresión contra el Estado peruano, el que a través del caballerizo en un cuartel militar, lo formó para que cumpla con respetar y hacer respetar los símbolos nacionales, las instituciones y las leyes.
Dr. Alejandro Cruzado Balcázar
Las heridas de Alejandro Cruzado estan abiertas, infectadas, segun parece. Las noches de terror demenciales, con seres desalmados y enfermizos, con bombas y muerte por la espalda, tenian que ser enfrentados, pero por lo que la historia cuenta nadie, ni Alejandro cruzado, se atrevia a dar un paso para contener esa locura de seres de las tinieblas. Ni que decir de la policia, o de la justicia, eran un tembladero de miedo y orines destilantes su unica reaccion, pero eso si bien resguardados, por eso, se cuentan muertes por equivocacion, de aquellos que pasaron en la noche por el fuerte, casi amurallado, puesto policial y que pasaron a mejor vida solo por el miedo de los que tenian que velar por la seguridad de los habitantes del lugar. La Universidad Cantuta, un antro de adoctrinamiento comunista, que forjaba soldados del terror, para combatir amparados por la oscuridad, matando por la espalda a traicion, cobardemente, el local de la carretera central era su guarida en vez de centro academico, eso se sabia, se veia, salvo que Cruzado no haya salido de su hogar, por miedo, no lo sabia.
Fueron los agentes del grupo colina quienes se enfrentaron a ese terror, con sus propias armas, con sus propios metodos, arriesgando sus vidas, y no por ser asesinos, sino para hacer algo por los peruanos que cada dia desaparecian, en mil pedazos, cuando la bomba cobarde explosionaba.
MEDIA COLUMNA
El gran ausente
Jorge Morelli
Hoy que el Perú celebra el éxito de la Cumbre formidable de APEC en un momento crucial para el futuro de la economía global, pocos recuedan om saben siquiera la verdadera historia de cómo el Perú logró ingresar a APEC. El tema tiene relación directa con la Operación Chavín de Huántar.
Por entonces estaba ya cerrado el ingreso a APEC, como lo está hasta hoy. Pero el Perú fue el último en entrar, antes de que la puerta se cerrara definitivamente. Lo sabe bien Colombia, cuyo presidente, Alvaro Uribe, vino a Lima estos días como invitado a la Cumbre para pedir que, pro excepción, esa puerta se abra nuevamente y se admita a su país.
A raíz del éxito casi milagroso del rescate de los rehenes de la embajada japonesa en Lima, en abril de 1997, y considerando el hecho de que todos l os rehenes japoneses salieron ilesos –incluido el individuo que hasta hoy acusa a los comandos del Ejército peruano de cometer ejecuciones extrajudiciales-, el primer ministro de Japón de entonces, Ryutaro Hashimoto, quien había sufrido día a día junto con los peruanos los cuatro meses de esa ordalía, preguntó al presidente Alberto Fujimori qué podía hacer para agradecerle el resultado de su firmeza y su paciencia. El Presidente le contestó:
ayudar al Perú a ingresar a APEC.
Japón tenía el peso necesario, y lo hizo. Cumplió su promesa: el Perú pudo entrar. ¡Qué pedido tan bien hecho, con qué visión!
Una vez más, hoy el Perú cosecha lo que Fujimori sembró. E igual que durante el décimo aniversario del Acuerdo de Paz con Ecuador, el mes pasado, Fujimori es de nuevo el gran ausente de esta Cumbre.
Vaya este modesto homenaje al hombre que la hizo posible.
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